martes, 10 de junio de 2014

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Supongo que siempre llega un momento en el que todo se derrumba, incluso todas esas cosas que piensas, en tu bendita ignorancia, que nunca se derrumbarán. Que no deberían derrumbarse pase lo que pase.
Un instante en el que parece que todas las piezas caen a la vez sin que puedas hacer nada, y te pones los cascos con la música a tope a las 4.46 de la mañana, un martes, y te das cuenta de que ya no tienes nada por lo que llorar. Nada que merezca la pena, porque siempre termina fallando todo por la razón que sea.
Todo. Y es triste admitirlo, pero más triste es que sea la pura y sencilla... Realidad.

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