Sabes que estas vivo cuando sientes. Cuando tienes miedo y experimentas el temor. Te das cuenta de que esto no es un juego, de que en cualquier momento puede pasar algo que cambie tu vida de un modo radical, e incluso la destruya.
Te tiemblan las manos, te aterroriza pensar en el abanico de posibilidades a las cuales te puedes enfrentar cuando la situación se torna adversa.
Y solo te quedan dos caminos. O te controlas, o te dejas llevar.
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